A veces me desmeleno y no destapo la Oreo ni chupo la crema para luego mojarla en la leche. A veces soy osada y me como la galleta entera, de golpe, a pesar de ser la única galleta con instrucciones de uso.
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miércoles, 16 de enero de 2013
Tiempo
De tiempo que fue. De tiempo que existió. De tiempo que se perdió. De tiempo que se evaporó en el aire. De tiempo que fue vivido. De tiempo que fue disfrutado. De tiempo que fue paladeado por los sentidos. De tiempo que es. Indeciso. De tiempo que llega, como un suspiro. De tiempo malo. De tiempo, miedo. De tiempo al tiempo. De todo, tiempo.
martes, 6 de noviembre de 2012
Ella
No se da cuenta realmente, de lo bella que es. No se da cuenta, y no es que no se mire al espejo, lo hace y le gusta, no se da cuenta porque es bella por dentro y eso a veces se le olvida, no lo ve. Tamborilea los dedos sobre la mesa, se pasea las manos por la boca en el vago recuerdo de cuando tenía el feo gesto de morderse las uñas, y se plantea. El qué. Su vida. En la penumbra de un salón, con el eco de otras voces a su alrededor. Se plantea, se pregunta, una y otra vez, sin darse cuenta de que ella sola tiene la respuesta, que la grita, la chilla y la proclama a los cuatro vientos pero que le da tanto miedo escucharla que se hace la sorda. Y pregunta, y espera oírla de la otra persona. Si tan solo se escuchase ella. Madura, importante, fuerte. Ha crecido y no son los años. Ha madurado. Quién sabe si pasó de un día para otro o fueron poco a poco las horas. No tiembla, no llora, y aunque dude, sabe la respuesta. ¿Quién es? ¿Qué necesita? ¿Qué futuro desea?. La decisión está tomada. ¿Será capaz de enfrentarse a ella?
martes, 30 de octubre de 2012
Hoy llueve
Hoy llueve.
Hoy, que está todo encharcado se me ha ocurrido no ponerme las botas de agua. De hecho, hoy se me ha ocurrido ponerme esas botas maravillosas pero rotas (y que no tiras por eso de que son maravillosas) y me he calado hasta la rodilla. El día está gris y llueve. Día de mantita y casa. Sólo que a mí me encanta la lluvia, me encanta su olor, el frescor de las gotas sobre la piel e incluso protestar cuando el pelo, con vida propia, decide encresparse hasta parecerse a un peinado cardado de la Movida. Me encantan las gotas en los cristales, haciendo carreras mientras se precipitan hacia el infinito. Me encanta el monotono del paisaje, pintado en acuarela con el mismo pincel. El goterón que te cae sin avisar al centro mismo de la cabeza y que parece te hubiera mojado entera. Incluso el final de la lluvia, cuando ya sólo oyes unas pocas gotas chocar contra el tejado para que de pronto todo quede en calma, como si nunca hubiese pasado una tormenta.
Me hace sentir viva.
Hoy, que está todo encharcado se me ha ocurrido no ponerme las botas de agua. De hecho, hoy se me ha ocurrido ponerme esas botas maravillosas pero rotas (y que no tiras por eso de que son maravillosas) y me he calado hasta la rodilla. El día está gris y llueve. Día de mantita y casa. Sólo que a mí me encanta la lluvia, me encanta su olor, el frescor de las gotas sobre la piel e incluso protestar cuando el pelo, con vida propia, decide encresparse hasta parecerse a un peinado cardado de la Movida. Me encantan las gotas en los cristales, haciendo carreras mientras se precipitan hacia el infinito. Me encanta el monotono del paisaje, pintado en acuarela con el mismo pincel. El goterón que te cae sin avisar al centro mismo de la cabeza y que parece te hubiera mojado entera. Incluso el final de la lluvia, cuando ya sólo oyes unas pocas gotas chocar contra el tejado para que de pronto todo quede en calma, como si nunca hubiese pasado una tormenta.
Me hace sentir viva.
jueves, 23 de agosto de 2012
Negro
Fue el otro día que me fui a
comer un melocotón. La piel era finísima, olía a gloria (o todo lo a gloria que
puede oler hoy día un melocotón comprado en una gran superficie y fuera de época)
y brillaba. Lo juro. Juro que brillaba. Lo lavé y ni siquiera cogí un cuchillo
para pelarle la piel, sino que le pegué un mordisco. A gloria no sabía pero
estaba bueno, fresquito y hacía calor. Otro mordisco y empecé a sonreir como un
niño delante de un puesto de helados. Fue al tercer mordisco cuando lo vi,
negro como el carbón en el borde, solidificado y más grisáceo en el centro. Era
como una madriguera de bichos tras el paso de la ceniza de un volcán. No llegué
a vomitar pero casi, para que mentir. Incluso inspeccioné con el ceño fruncido
si el resto del melocotón estaría igual de contaminado por si podía seguir
disfrutando de aquel momento. Intenté dar otro mordisco pero recordé lo podrido
y de pronto, sin avisar, la magia se había esfumado.
jueves, 3 de mayo de 2012
Retos de Microrrelatos III
- Cosquillas. Nubes de caramelo. Fresas. - Se quedó mirando fijamente a la luna, preguntándole incesantemente qué podría gustarle más para que ella pudiese traérselo. Estaba triste aquella noche, lánguida, en ese periodo en el que se consumía más y más cada día, perdida, impávida. La luna, aquella que había iluminado con fuerza el cielo otras noches, en ese momento se sentía apagada, estaba, pero no estaba, y Nicholetta no sabía que hacer. - ¡Polvo de hadas!- Gritó, y sacó un pequeño saquito de tela repleto de con polvo mágico y brillante que le hizo estornudar. La luna siguió contemplando el infinito, sin fijar la mirada, como si no la hubiese visto.
Llevaba allí toda la noche y no había dado señales de ser consciente de su presencia. - En realidad- le dijo- sé que mañana estarás mejor. Ya sabes, mañana crecerás y volverás a iluminar mis mejillas y hacer brillar mis alas. Pero sólo quería que hoy no estuvieses triste. No deberíamos estar nunca tristes.- Y justo cuando iba a rendirse y marchar notó que la luna pestañeaba y le dirigía una débil mirada. Sus labios apenas se separaron en un susurro para pronunciar unas débiles palabras. - Es parte de mi ciclo, pero aprecio tu compañía-
Nicholetta sonrió y se tumbó sobre su infinita 'C' con forma de cuna. - Tranquila- dijo -Yo estaré aquí para esos días. - Aleteó sus alas y se elevó lentamente para descender con suavidad de nuevo y acomodarse más sobre el extremo. - Para todos los días.-
miércoles, 18 de abril de 2012
Reto microrrelatos II
"Es un sonido sordo, constante, el que hace cuando raya sobre el papel una y otra vez el color verde. Tiene las manos ligeramente manchadas, pero el olor a las ceras lo inunda todo. Anega el papel de verde, de punta a punta, entero, como un paisaje de montañas infinitas. Montañas del norte en pleno otoño, justo después de las intensas lluvias y antes de que la nieve lo cubra todo de un inmaculado blanco. Raya tanto sobre el papel que empieza a doblarse por ciertos puntos, donde el color es más intenso, como si quisiese plasmar los claroscuros de la naturaleza. Pinta hasta que ya no queda un centímetro de papel en blanco, con el mismo automatismo de artistas que le precedieron. No sabe si un artista, en realidad, solo sabe que eso es lo único que ve cuando cierra los ojos. Verde. Un intenso verde. Con olor a lluvia, a historias encontradas y a una libertad infinita. Es verde pero es mucho más y no puede controlar inundarlo todo de ese color. El único color que le hace soñar que hay algo más detrás de su día a día.
- ¿Quieres otra hoja?- La enfermera se le acerca y le cambia el papel que tiene delante sin esperar a que conteste. Lleva años sin decir una sola palabra, con la misma convicción que traslada a su mano, que sigue aferrada fuertemente a la cera de color. Cuando el blanco vuelve a ocupar el espacio en la mesa, baja la mirada y comienza a rellenar de nuevo la hoja de verde. Mutismo, automatismo y determinación. Loco o genio. Quizá un poco de los dos.
La nueva hoja de papel poco a poco va sucumbiendo al color y la cera se empequeñece bajo sus dedos. Las batas de las enfermeras son blancas. Su pijama es gris. Los barrotes de las ventanas negros. La realidad que le envuelve es dramática y si pinta todo de verde no es porque esté loco, es porque está vivo."
Fotografía de y microrrelato para mi querida Ofelia.
El reto de microrrelatos sigue abierto. Enviadme fotos, si queréis al mail: cicelytown@gmail.com . No hace falta que os conozca, puede ser anónimo, lo que queráis. ¡Sólo quiero fotos!
domingo, 8 de abril de 2012
Reto microrrelatos I
Esta noche he recibido esta fotografía por Whatsapp para mi reto de Microrrelatos. Iba a a dormir (que mañana trabajo) pero "aprovecho" el reggaeton a toda pastilla del vecino de arriba para escribir. Es triste, pero es lo que ha salido. Debe ser la noche.
Se cayó hace una semana. Fui a salir de casa con el abrigo, ya sabes, ese con la capucha tan grande para la lluvia, y lo tiré. Por un momento ni siquiera recordé qué podía haberse caído cuando oí el ruido detrás de mi espalda. Y luego lo vi. Partido en tres y descascarillado por el tronco. El trébol había desaparecido, le faltaba una pierna y uno de los brazos. Aún conservaba la cabeza. Antes de que pudiese ser consciente de lo que estaba haciendo, empecé a buscar un pegamento como loca para unir los trozos. Como si fuese un cadáver y quisiese revivirlo antes de que se quedase frío y ya no hubiese vuelta atrás. Como si pudiese revivirte a ti, amor mío.
Ni siquiera fui consciente de que había estado llorando desde que lo vi en el suelo, acostumbrada como estoy a sentir mis lágrimas por el rostro. Pero fui capaz de reunir todas las piezas y pegarlo. Me quedé toda la tarde contemplando aquella figurilla hortera y ahora también tullida. Reflexionando, ya sabes. Sobre todo. Sobre lo que aún me cuesta nombrar.
He guardado al duende en un cajón. Sé que de ahí no saldrá y sus magulladuras no me recordarán todos los días que hubo un breve instante en el que me olvidé de ti.
Ahora somos el duende y yo. Y me siento sola."
sábado, 7 de abril de 2012
Microrrelatos a la carta
Vosotros dejadme un comentario con una imagen (la que sea, ponedme el link si no podéis subirla, luego la subiré yo) y yo escribo un microrrelato basándome en esa imagen.
Da igual de lo que sea, simplemente postead una imagen.
Yo escribo.
Vosotros leéis.
Da igual de lo que sea, simplemente postead una imagen.
Yo escribo.
Vosotros leéis.
sábado, 24 de marzo de 2012
Gélido
Sonó el timbre. "Volveré enseguida". Más cercanas que él las palabras, se marchó por la puerta con leve resoplido. Cerró la puerta tras de sí. La casa parecía haberse quedado en penumbra por el profundo silencio repentino. Se acercó a la puerta, de forma sigilosa y miró la cerradura. Fría. De metal. Y de ella colgaba lo que parecía ser un hilo de la chaqueta de su padre, un minúsculo pedazo de tela que parecía no querer abandonar ese lugar. Más valiente que su padre. Apretó su delgado puño a la cerradura y sintió su tacto gélido. Supuso que así era como debía sentirse el abandono.
domingo, 4 de marzo de 2012
Demasiado tarde
Lucas temía lo que podía pasar. Bajo la luz de la farola esperaba atormentado, con una única idea pasándosele por la cabeza. Intentaba aparentar calma. Con una mano en el bolsillo de sus vaqueros, la otra la usaba para mesarse el cabello y tocarse de vez en cuando los labios, en un tick nervioso claro solamente para aquellos que le conocían bien. Llevaba esperando poco más de tres horas pero el tiempo se condensaba y ralentizaba a cada segundo. La niebla empezaba a caer, era tarde, demasiado, y ella seguía sin aparecer. La ciudad parecía haberla engullido del mismo modo que la noche había hecho desaparecer el tráfico y las bocinas de los coches se habían ido apagando. El silencio había recorrido las calles como como una tormenta de arena y si se quedaba quieto era capaz de oírse respirar. Una bocanada de aire caliente salió de su garganta y se convirtió en una blanca neblina al contacto con la gélida noche. Era demasiado tarde y lo sabía. Al igual que sabía que de poco iba a servir quedarse quieto, esperando. Se dio media vuelta y deshizo los pasos que le habían conducido hasta allí a última hora de la tarde. Era tiempo de empezar a buscar por su cuenta.
miércoles, 29 de febrero de 2012
Un cuento antes de dormir
Diana "la mocita" la llaman. Se pasea a diario por las calles con su vestido de tul. Ladea la cabeza, sonríe, planta el talón en el suelo y posa. Diana "la mocita" porque es la más mona del lugar. Zalamera. Coqueta. Le gustan los lazos azules en el pelo y bailar pasodobles cuando llegan las fiestas. Le gusta pintarse un lunar, justo a la altura de la comisura de sus labios y soñar que justo ahí la besan. El chico más guapo, se dice, el chico más guapo de toda la aldea. -¡Mocita!- La llaman, y ella acude corriendo. Saltando de charco en charco arriesgándose a manchar su vestido. Las medias ya se olvidaron de su color natural y el brillo de sus zapatos de charol desaparece con cada salto. -¡Mocita las medias!- Le grita su abuela. Pero ella olvida todo bajo el sol de la tarde, su lazo azul en el pelo, su vestido de tul en su cuerpo y el chapoteo de sus pies en los charcos. Chof, chof. Diana "la mocita" la llaman. La moza más moza de todo el lugar.
viernes, 24 de febrero de 2012
La rendición de Eva
Eva mantiene el caracter. Mientras, se consume el cigarrillo en su mano y su mirada perdida se encuentra de pronto con las formas sinuosas del humo, que inunda poco a poco la habitación. Resopla. Podría decir que está pensando, pero ya ni si quiera piensa. Estática. Fuera de lugar. Como una estatua de frío mármol perdida en una esquina del museo. Parpadea. Inspira. Con el cigarro aún en unas manos que a penas tiemblan pero que no serían capaces de sostener nada más que eso. Es fácil perderse en una habitación cerrada, en sus líneas rectas, en las curvas de la mesita de café que tiene ante ella, en el papel pintado de la pared, en el constante 'clack' del segundero del reloj que le acompaña. Es fácil rendirse y sucumbir. Entrar en ese otro mundo que no está detrás del espejo sino en las esquinas, con las sombras. Es tan fácil que alza su mano libre y tantea la nada a su alrededor. Que es nada pero parece densa. Con la mirada más allá de las cuatro paredes. Un momento y pestañea. Fija la mirada en su mano y es consciente de su cuerpo de nuevo. Vuelve, de allí de donde se había ido. Regresa. Entera. De vuelta a sus pies cansados, los únicos capaces de hacerle volver a la tierra. No sabe, puede que quizás mañana. Algún día. La rendición de Eva.
jueves, 8 de diciembre de 2011
De noche todos los gatos son pardos
Todos los gatos son pardos de noche. En la oscuridad, la vista no es suficiente y la imaginación le ayuda a terminar todo aquello que debemos mirar. Una sonrisa normal se convierte en una preciosa sonrisa, un comentario no muy adecuado se convierte en una breve anécdota, un gesto casual se convierte en un propósito certero. Así, al final, no acabamos mirando sino admirando, y todo se recuerda con el brillo denso de un sueño y la memoria de un niño que aún quiere creer.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Hacía mucho que no escribía.
"Ayer te vi, en el campo del Moro, bajo la sombra del nogal. Justo cuando el sol calentaba con más fuerza la tarde. Apenas había una brizna de aire pero tú llevabas mangas de camisa, un poco arremangadas por debajo del codo, siguiendo aquella moda estúpida que se fue como tan rápidamente vino. Riendo, fumando, aletargado en los modos por la juerga de la noche anterior. Ayer te vi, pero tú no podías verme. Tras la tapia del Marqués me escondía, escudriñándote, cada palmo, cada detalle, cada gesto. Te sentía respirar a pesar de que estabas lejos. Tu presencia, lejana, no impedía el hecho de que te sintiese cerca. Tu tacto, tu aliento. Y mientras tú reías. Y yo lloraba. Invisible y escondida tras mi tapia. Ayer te vi, bajo la sombra del nogal, en el campo del Moro, justo cuando el sol calentaba con más fuerza la tarde."
jueves, 21 de abril de 2011
Doomsday
Soy mucho de participar en concursos de microrrelatos. Por supuesto para ganar, por supuesto no he ganado nunca ninguno. El último el de la Fnac, 150 palabras para decir cómo pasaríamos el fin del mundo. Lo he titulado Morituri te salutant y si algún día de estos alguien de la Fnac es capaz de leerlo y admitirlo pondré el link. De primeras, copio/pego el largo que primero hice:
"¿Qué se acaba el mundo? No venga, en serio, que es una broma. Las primeras tres horas convencidos de que están anunciando una nueva superproducción de Hollywood. ¿Qué me cuentas? ¿En serio? ¿Es Trending Topic en Twitter? Oye tío que va a ser verdad. Pues no me digas. No me parece serio. Esto es culpa del gobierno fijo. ¿Nos manifestamos?. No, para qué, si se acaba el mundo de todas formas. Seis horas para el fin del mundo y aún no has hecho nada. Pones la tele, hay gente súper profesional que sigue trabajando e informan de saqueos. Que para qué quieren una tele si se van a morir. Tres horas para el fin del mundo. Oye mamá, que te quiero mucho ¿eh?. Dos horas para el fin del mundo. Pues vaya, me faltan un montón de sitios por visitar y millones de cosas por hacer. Una hora para el fin del mundo. Te empiezan a llegar mensajes después del inicial bloqueo de líneas. Uy. De pronto un montón de gente quiere tener sexo contigo como despedida. Treinta minutos para el fin del mundo. Te fumas un cigarrillo. Después de todo no vas a morir por cáncer de pulmón. Quince minutos para el fin del mundo. Intentas pensar en algo positivo, por ejemplo, en que es el primer fin del mundo de la humanidad. Es algo así como un privilegio. Seguro que va a los anales. Cinco minutos para el fin del mundo. Mierda. Te das cuenta. No va a quedar nadie para hacernos quedar cómo héroes. Cuatro minutos. Qué más dá, tampoco ibas a estar para verlo. Tres minutos. El tiempo pasa muy despacio. Dos minutos. El tiempo pasa demasiado deprisa. Un minuto. Silencio."
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