lunes, 22 de julio de 2013

A mí me ofende

A mí me ofende.


A mí me ofende que el Señor Rajoy saliese a la defensa de la integridad del señor Bárcenas en menos de 24h hasta en dos ocasiones cuando se ponía en cuestión la honradez de su tesorero, y que cuando se pone en cuestión su integridad propia, la del presidente del gobierno, no crea necesaria dar explicaciones.  Parece mentira que sea español y que no conozca el dicho “El que calla, otorga”. A mí me ofende.

A mí me ofende que se diga que la subida de tasas universitarias no afecta a nadie, que a quien no conceden la beca puede pagarlo igual. Que se declaren en poder de la verdad cuando yo NO puedo pagarlo, me ofende. Porque puedo pagar 2000 euros, pero no puedo pagar 4000. A mí, me ofende.

A mí me ofende que el Señor Rajoy diga que está legitimado por unas elecciones, donde sólo ganó no por una mayoría no real, sino electoral y a través de un programa con el que ha hecho tácitamente lo contrario a lo prometido. Que diga que se siente legitimado, a mí me ofende.

A mí me ofenden los votantes no pensantes del PP, que no ponen en cuestión nada de lo que dice el partido, y que cuando discutes las evidencias acaban las conversaciones con “Rojo” o “Comunista” como si hubiésemos vuelto a la Guerra Fría. O mejor, cuando te dicen lo mal que lo ha hecho el señor Rubalcaba, como si tú le defendieses cuando es tan indefendible como otros. Me ofende que aún se crean que no hay más partidos políticos y que la solución es un “qué se le va a hacer” mientras no sienten que ellos también tienen los pantalones bajados. A mí me ofende.

A mí me ofende, Señor Rajoy, cuando ante una pregunta pactada tiene que leer su respuesta. Respuesta que no difiere en absoluto de otras que ha dado ya. Que no sea capaz de no leer algo que incluso los no votantes del PP nos sabemos al dedillo como ideario de su partido, me ofende. Que usted, como presidente del gobierno ni siquiera sea capaz de aprenderse un pequeño texto, me ofende.

A mí me ofenden los periodistas que consienten ir a grabar a una televisión de plasma o que pactan las preguntas con anterioridad. No son periodismo, sino servilismo, y no sé cómo no se les cae la cara de vergüenza en esta profesión. No me ofenden, me duelen.

A mí me ofende que el señor Rubalcaba coja como estandarte el martillo y la hoz cuando todos hemos visto cómo se la ha pasado por dónde no brilla el sol cada vez que le han soplado vientos favorables. Y que se crea que la gente le va a votar a él, a mí me ofende.

A mí me ofende que Izquierda Unida se haga defensor de las causas perdidas, y que cuando salta algún caso de corrupción entre sus filas, lo tapen igual que si fueran del PPSOE. Y en este caso me ofende particularmente más, porque ellos son los primeros que no deberían actuar así.

A mí me ofende que con la excusa de la crisis recorten en derechos sociales y derechos adquiridos por la lucha de muchos, porque claman que no hay dinero, y haya aumentado el número de millonarios españoles un 5%. A mí me ofende.

A mí me ofende que desde el paro tenga que justificar una “búsqueda de empleo activo” cuando el problema no es que yo no busque, es que ellos no crean puestos de trabajo. A mí me ofende.

A mí me ofende que me digan que estamos saliendo de la crisis, y que la bajada del paro no es estacional, cuando en el centro comercial al lado de mi casa las tiendas están cerrando como caen las moscas en invierno, y que los que no se van a la calle se quedan con trabajos de 12 horas con el que no te llega ni para el abono. A mí me ofende.

A mí me ofende que esta sociedad sea tan retrógada que por ser mujer y tener treinta años tenga menos posibilidades de empleo que un hombre de mi edad, por si acaso me quedo embarazada. Me ofende y me asquea.

A mí me ofende que se hable del paro juvenil desde hace cinco años y que se olvide con facilidad a los que hace cinco años eran jóvenes pero ahora tenemos treinta y ya no servimos para nada, porque no entramos en ninguna estadística de interés. A mí me ofende.

A mí me ofende que gratis, siempre hay trabajo, y que si no quieres trabajar gratis es que no quieres trabajar. No mire oiga, es que el trabajo es retribuido, y sino se llama esclavitud.

Y me ofende porque me están mintiendo, porque se están riendo en mi cara y soy consciente también.

Pero lo que más me ofende es mi compañero, mi vecino, mi amigo, aquel que también siente cómo se ríen en su cara y le mienten, y lo máximo que llega a quejarse es en un bar frente a una cerveza. Ese, me ofende más. Porque no sólo no le importa su futuro, ni el de sus hijos o la familia, sino que me también me condena a mí a la misma mierda que está consintiendo él.

Me ofende que en las manifestaciones no salga la gente a la calle. Me ofende que se conformen. Me ofende que se crean que no tienen el poder para cambiar las cosas cuando sí lo tienen.


Por todo esto y por muchas otras cosas, estoy ofendida.

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