viernes, 31 de diciembre de 2010

De cómo fue el 2010 (o no)

¿Qué pasa cuando sueñas que estás en un mundo en guerra y que a los 27 años para lo único que sirves es para tener niños que puedan seguir luchando en esa guerra? Pues que te levantas muy contenta por la mañana pensando que en realidad, tú puedes hacer muchas más cosas que esas  (porque esa es la última cosa que tienes en mente además) y luego te entra hambre y decides desayunar, pero recuerdas que te han dicho que tienes gastroenteritis (eso dicen, porque el baño no lo tocas) y que tienes que sobrevivir el 31 de diciembre a base de Aquarius y jamón de york "y claro, ni se te ocurra comer uvas" palabras de doctora. No se preocupe señora, no me gustan las uvas, pero reconozco que el hecho de que me las prohíban me da unas ganas tremendas de comerlas. Las 12. Una tras otra o a mogollón, según me diese en el subidón de las campanadas.

Así que empiezo la cuesta de enero culinaria un poco antes que los demás, adelantándome ferozmente al resto y decir "¿las navidades? No, yo no cojo kilos en navidades", cosa, que en realidad, tampoco es mentira porque ¿el turrón? caca ¿mazapanes? caca ¿almendras rellenas? caca ¿bizcocho de frutas escarchada? caca. Se salva el turrón Suchard y este año no he comprado porque he descubierto que me quedaba un trozo del año pasado (soy así de golosamente navideña). Así que en realidad lo que espero es no perder kilos, por la cosa de que tengo la sensación de que empiezo a desaparecer lentamente. No sé qué manía tiene la gente con el objetivo de parecer un insecto palo de aspecto enfermizo. Eso.no.es.bonito. Pero es la moda, y lo que Zara dice va a misa. (Palabra de Inditex, te alabamos vístenos). Eso sí, espero no ponerme más malucha de lo normal y poder ponerme lo que me he comprado para Nochevieja (que para eso sudé la gota gorda buscando ropa "decente" o al menos que: 1. No me hiciese parecer una burbuja Freixenet 2. No me obligase a llevar taconazo porque yo no uso de eso 3. No costase más de lo debido porque al fin y al cabo no voy a una fiesta de gala).

Pero en realidad yo venía a despedir al 2010 (era una entrada en el blog o una patada en el culo, y aunque me tentaba más lo segundo decidí hacer lo primero) porque ha sido un año un poco enfermizo (él y yo al mismo tiempo) y él sabe (el 2010) que no nos hemos llevado bien, pero vengo a hacer las paces, y aunque él me haya regalado una grastroenteritis de despedida como no soy rencorosa (bueno, quizás un poco, pero no con años moribundos) le doy la mano y le digo que adiós, que ha sido agridulce conocerle y que por gracia y (que no o) por desgracia será recordado.

Así que Happy New Year y yadda yadda yadda. Que paséis fin de año y buen año nuevo, que el resto, ya lo iremos viendo, espero, todos juntos.

:*

lunes, 27 de diciembre de 2010

Galletas Oreo navideñas

Y no, claro, no es algo que haya hecho yo, básicamente porque yo soy más de echar sal a las cosas. Puede que en algún momento salga la historia "De cómo hice tortitas con sal... y me las comí". De momento una imagen muy de mi blog... Oreo.


Fuente:http://heyrainbows.tumblr.com/

De cómo...

Mentira, mentira, hoy no voy a contar ninguna de esas cosas que a veces suceden. No voy a contar que existe un agujero negro real en mi habitación y que se sigue tragando cosas. Ni tampoco voy a contar cómo fui poco sutilmente atacada por un pepinillo. Eso para otro día. Sólo vengo a hacer un copy + paste de algo que he leído en Tumblr y que me parece una gran verdad:

“Nos hicieron creer que el “gran amor” sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años.
No nos contaron que el amor no es accionado, no llega en el momento determinado.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de la naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de contemplar lo que nos falta.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, que era eso lo que funcionaba.
No nos contaron que eso tenía por nombre “anulación”. Que sólo siendo individuos con personalidad propia, podremos tener una relación saludable.”

John Lennon.

jueves, 23 de diciembre de 2010

De cómo recuperé la piruleta

El día que recuperé la piruleta no fue el mismo día que la perdí. Hasta ahí digo para aumentar la tensión. ¿Se habría pegado ya algún bicho a la piruleta? ¿Habría actuado la piruleta por cuenta propia y habría huído de la escena del crimen?

El hecho es que como no sabía cómo acceder a aquel pequeño rincón en el que la piruleta se había suicidado (por leyes de la ciencia como ya comenté) y cómo no quería demostrar mis superpoderes y levantar la cama con una mano para cogerla (más rápido pero visiblemente más llamativo) decidí acercarme a ella cual depredador a su presa. Paso a paso y con cabeza.

Número uno: quité el colchón. ¿Sería posible de verdad que aquella madera tan mona que evitaba el paso de mi mano llegase hasta el suelo? ¿O tendría una fina rendija por la que alegremente podría aspirar y aspirar (como el cuento de los tres cerditos pero al revés) hasta atraerla hacia mí? Pero efectivamente, aquella madera (tan mona) llegaba hasta el suelo. Sin rendijas. Paso uno fallido, tendría que cazar la presa de otro modo.

Si por tierra la cosa no funcionaba... lo conseguiría por aire. He aquí el cachibache que inventé para atraparla por aire, compuesto por:

6 bolis de diferentes colores que compré en el chino para subrayar apuntes pero que no funcionan (ya que son del chino) y me da pena tirar.
1 linterna friki o también llamado "sonic screwdriver" del doctor who
1 especie de pincho (paleta de quesos) para ¿pinchar? la piruleta en caso de que llegase
Celo. Mucho. Para unir los diferentes objetos y poner en el pincho para ¿pegar? la piruleta en el caso de no poder pincharla.



Así pues, número dos: intenté pegarla (de pegamento, no de paliza que lo que quería era atraerla, no asustarla). Pero la susodicha estaba metidita en el rincón más pequeño y ni la pinchaba ni la pegaba. ¿Conclusión? Mi pincho no servía para recoger piruletas, pero era genial para coger pelusas.

Pero como no hay dos sin tres lo volví a intentar, poniéndole más celo y pensando intentarlo con más ahínco cuando.... ¡¡horror!! El celo se pega a la madera y los bolis abandonan al resto del equipo... había perdido el screwdriver (encendido) y el pincho moruno (rojo del susto).

Chillo del horror. Sólo se me ocurren unas pinzas del hielo cual grúa para los coches. Madre acude airosa y las trae. Meto la mano, intento engancharlo, las pinzas se ponen nerviosas, se mueven, tiemblan y caen al abismo junto con la piruleta, el screwdriver y el pincho.

"Vas a dejar media casa ahí" <- madre, en su gracia infinita.

Así que al final, idea de madre (amén), separar la cama, cosa que yo pensé haber intentado antaño y que por cuestiones técnicas (el hecho de que mi habitación parezca el tetris) ni pensé en intentarlo otra vez. Pero ¡sí! se separa un poquito, lo justo para que quepa... tachán!! el aspirador!!! y vaya aspirando las cosas (ya de paso he cogido todo lo perdido durante años) una a una.

Así que concluyendo he recuperado lo recién perdido, la piruleta (sin bichos) y lo que cayó en el olvido hace milenios. Acá la lista:

una vaselina
un tirante de sujetador transparente
un calcetín
una hoja con verbos en inglés
un papel con el horario de latín
una foto de hace años del parque de atracciones
un poster de la gran vía
un rotulador (que quien dice recuperado dice que el aspirador se lo ha comido)

Y esas son, señoras y señores, las cosas, que a veces, pasan.

Primera entrada -de cosas que suceden-

En esto que estaba yo perreando en la cama, comiéndome una piruleta de esas de corazón que son muy dulces. De esto que el dulzor se acaba y empieza a ser empalagosa y yo la dejo. En la cama. Sobre su papel correspondiente. De esto que mi peluche se cae encima. De esto que le incorporo. De esto que las leyes físicas actúan y la piruleta se pega en el peluche y de la misma inercia al levantarle la piruleta vuela, vuela, vuela... hasta caer tras la cama. De esto que allí no llego ni de coña. De esto que ahora tengo que quitar el colchón, y separar cajones, y quitar somieres... para ver si puedo recuperar el futuro nido de bichos.

De esto, que no me puedo comer ni siquiera una piruleta tranquila.